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El juicio al Papa muerto


Después de nueve meses de fallecido, el cadáver del papa Formoso fue exhumado y sometido a juicio en la sede del pontificado de Roma. Se lo revistió de sus ornamentos papales y se procedió a juzgarlo. Fue condenado, mutilado y escondido, luego absuelto, perdonado y sepultado, vuelto a enjuiciar y condenar, arrojado a las aguas del río Tíber, secuestrado y, finalmente, vuelto a perdonar.
En el año 877 Formoso es obispo de Porto y recibe la excomunión de parte del Papa Juan VIII. El motivo es político. Formoso apoya a Arnulfo de Carantania para que se haga con el trono del Imperio Carolingio y Juan apoya a Carlos II el Calvo, nieto de Carlomagno, quién finalmente accede al reinado.
Arnulfo y Formoso deberán esperar algunos años y algunas muertes para acceder a sus respectivos tronos.
Muerto Juan VIII, Formoso es perdonado y regresa a su diócesis de Porto donde continúa con su hábito de conspirar en favor de Arnulfo mientras se acerca al trono de Pedro. En el año 891 se convierte finalmente en Papa. Una de sus primeras acciones será la de coronar al nuevo monarca del Imperio: Guido de Spoleto, en una ceremonia revestida de hipocresía política, puesto que Guido es rival del teutónico Arnulfo, aliado del Papa y pretendiente del trono.

En el año 894 Guido muere y cede el trono a su hijo Lamberto de Spoleto. Formoso y Arnulfo conspiran para derrocarlo. Cada cual a su manera. Arnulfo con las armas y Formoso con la palabra. Así convence al teutón para que atraviese los Alpes y asalte Roma, cosa que consigue en febrero del año 896, expulsando a Lamberto y erigiéndose emperador. El Papa Formoso lo corona en el atrio de la primer Basílica de San Pedro en una de sus últimas acciones como Papa, ya que pocos meses después, el 4 de abril de ese mismo año, fallece.

Concilio cadavérico
Poco tiempo dura Arnulfo en Roma. Ese mismo año debe abandonar Italia enfermo. Lamberto puede volver y reconquistar lo suyo. Un nuevo Papa está en el poder, Esteban VI, y apoya al de Spoleto.
Otra vez en el trono no olvida sus rencores y decide satisfacerlos vengándose de su enemigo ya fallecido.
Convence a Esteban y, nueve meses después de muerto, exhuman el cadáver del antiguo Papa y lo someten a juicio en lo que la historia recuerda como el Concilio cadavérico.

Juicio y sentencia

El cadáver de Formoso fue revestido de sus ropas y ornamentos papales, sentado en el trono de la Basílica Constantiniana y sometido a juicio oral con la presencia del Papa Esteban VI, un séquito de testigos y un fuerte olor a hombre muerto en donde el acusado poco pudo decir para defenderse.

Fue encontrado culpable, como era de esperar.
Pero las actas del juicio desaparecieron por lo que no se sabe a ciencia cierta de qué fue declarado culpable. Como consecuencia se le anularon todos los actos y ordenaciones que realizó durante su papado. Fue despojado de sus vestiduras, se le amputaron tres dedos de su mano derecha con los que se suelen impartir las bendiciones y se ocultó su cadáver.Sin embargo, en 897, un nuevo Papa, Teodoro II revirtió la sentencia y nuevamente el cadáver de Formoso fue perdonado y sepultado en la Basílica de San Pedro, de acuerdo a su investidura papal donde permanecería hasta el año 904 cuando el Papa Sergio III, a poco de acceder al trono, revierte la disposición y promueve un nuevo juicio contra el cadáver.

Otra vez Formoso, el muerto, es hallado culpable.

La condena dictamina arrojarlo a las aguas del río Tíber para que se lo trague el mar. Pero el cuerpo sin vida del Papa persiste en su lucha por no desaparecer de la historia y se sujeta en las redes de un pescador que lo rescata y lo esconde durante algunos años.

En el año 911, cuando termina el pontificado de Sergio III, el persistente cuerpo de Formoso es devuelto a la sede papal donde pudo por fin, luego de tantas vueltas, descansar hasta nuestros días, sin ningún otro juicio post-mortem que soportar.

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